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CIRUGÍA
ENDOSCÓPICA
¿Qué es la cirugía endoscópica nasosinusal?
La cirugía endoscópica nasosinusal es una intervención que agrupa variadas
técnicas quirúrgicas. Todas ellas tienen en común las actuaciones quirúrgicas en
el interior de la nariz, visualizando y manipulando las estructuras a través de
las fosas nasales, utilizando instrumentos ópticos (endoscopios con posibilidad
de conectarse a sistemas de televisión y grabación de vídeo) e instrumental
quirúrgico adecuado.
La cirugía tiene por objetivo la reparación de las estructuras anatómicas
anómalas y/o la extirpación de las lesiones que alteran las funciones normales
de la nariz, de los senos paranasales y de los demás órganos vecinos, y que son
los responsables de causar molestias al paciente. Los síntomas son variados y de
diferente intensidad, siendo los principales la dificultad para respirar por la
nariz, los dolores en la cara y en la cabeza, la sensación de sequedad nasal o
la presencia persistente de mucosidad nasal más o menos espesa, la hemorragia
nasal, el lagrimeo persistente, las alteraciones en la visión o en la audición y
las alteraciones en el olfato.
¿Cómo se realiza la intervención?
La intervención se realiza con anestesia general o local con sedación, siempre
asistida por un anestesista, por lo cual, el paciente necesitará una estancia en
clínica mínima de unas horas después de la intervención.
La cirugía se practica por el interior de las fosas nasales, sin cicatrices
externas visibles. Dependiendo de la magnitud de las lesiones, el cirujano
corregirá o extirpará más o menos cantidad de estos elementos. Algunos pacientes
requerirán la realización de una septoplastia como paso previo que facilite la
visión y la manipulación instrumental.
Es habitual que el paciente, después de la intervención, deba llevar un
taponamiento nasal con unas pequeñas esponjas, durante un mínimo de 24 horas. A
veces no es necesario.

Esta operación se realiza completamente en el interior de las fosas nasales, por
lo cual no hay que esperar modificaciones intencionadas del aspecto exterior de
la nariz.
Es posible que la patología que motiva la intervención constituya el hecho más
relevante de su proceso clínico y que coexistan otras enfermedades que produzcan
síntomas similares y que no puedan diagnosticarse con más precisión hasta que no
se haya realizado la intervención. Hay casos en los que esta cirugía se practica
para evitar complicaciones o el agravamiento de la enfermedad de base.
Muchas de las enfermedades nasosinusales más habituales están relacionadas con
el padecimiento de algún tipo de alergia o de hipersensibilidad (como muchas
sinusitis y poliposis). Es posible que la cirugía endoscópica nasosinusal
proporcione una mejora durante un tiempo, y que más adelante se reproduzcan las
enfermedades que motivaron la intervención. Para prevenirlo es necesario tratar
conjuntamente la enfermedad de base con las técnicas quirúrgicas que detengan el
desarrollo de la enfermedad.
No es posible predecir ante cada paciente si su enfermedad se reproducirá o no,
ya que tan sólo la observación de su evolución permitirá identificar su
evolución particular.
¿Cómo es el postoperatorio?
El paciente comenzará a notar una mejoría en la respiración una vez le sean
retirados los taponamientos nasales. Aún así, y a causa de coágulos e
inflamación en el interior de las fosas nasales, esta mejoría se irá percibiendo
mejor con el paso de los días y de las semanas.
Con la técnica quirúrgica empleada y la medicación prescrita, es habitual que el
paciente no tenga excesivas molestias ni dolores fuertes en la cara ni en la
cabeza. Las molestias provienen, más bien, del hecho de tener taponada la nariz.
Es posible que se perciba una sensación de tirantez dentro de la nariz, que
desaparecerá en el curso de los días siguientes. También es posible que perciba
molestias en la garganta, derivadas de haber tenido taponada la nariz y de las
manipulaciones anestésicas y quirúrgicas, que remiten en pocos días.
Durante las semanas siguientes a la intervención, el paciente puede tener
mucosidades abundantes o más espesas o secas de lo habitual.
Los días posteriores a la intervención es frecuente que se produzca un pequeño
sangrado ocasional por la nariz. Suelen ceder espontáneamente o por medio de un
pequeño tapón de algodón impregnado de agua oxigenada.
Se suele observar algún grado de fiebre y malestar general en los días
posteriores a la intervención. En raras ocasiones se presenta fiebre, que puede
indicar la existencia de infección en los senos paranasales (sinusitis) o en las
regiones intervenidas, que precisará tratamiento, circunstancia que deberá
comunicar al médico.
Algunos pacientes pueden notar episodios transitorios de pérdida del olfato y/o
de lagrimeo excesivo. Normalmente ceden una vez retirados los tapones.
Las fosas nasales son cavidades estrechas que están tapizadas por una mucosa muy
sensible. A causa de la enfermedad, de la propia intervención, de los
taponamientos o de las curas postoperatorias se pueden formar sinequias, una
especie de cicatrices que cruzan el espacio de la fosa nasal y que pueden
provocar dificultades respiratorias o molestias. La solución es sencilla,
seccionándolas, intervención que se puede realizar en la misma consulta o en el
quirófano.
Deberá tenerse en cuenta que los pacientes que padecen enfermedades nasales de
larga evolución presentan un cierto grado de atrofia en su mucosa nasal. Puede
ocurrir que, en algún caso después de la intervención no encuentren la mejoría
esperada. En estas situaciones sí que se produce una mejora del paso del aire
por la nariz, pero el paciente no es capaz de percibirla por esta atrofia.
Igualmente deberá tenerse en cuenta que la cirugía pretende solucionar un
problema orgánico concreto y que pueden coexistir procesos que precisarán de
tratamientos adicionales.

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